Lope de Vega escribió la obra teatral Fuenteovejuna con un argumento principal que no era propiciar un cambio sistémico -que diríamos ahora-, sino simple y llanamente pedir justicia a los Reyes Católicos, contra el Comendador del derecho de pernada. Y para ello, aquellos súbditos se constituyeron en una y sólo una e indivisible fuerza.
Aquí y ahora, naturalmente, no hay Comendador ni Monarquía como aquélla (¡sólo faltaba!). Hace tres décadas y media que los ya ciudadanos nos dimos un sistema democrático que, con gobiernos de distinta ideología, han producido una resultante final positiva. Pero, de pronto y en poco más de seis meses, hay indicadores alarmantes de la destrucción de buena parte de lo edificado a favor del bienestar común. Estamos en democracia, si, y no tiene sentido alguno, según se produjo, la rebelión de aquel pueblo cordobés situada ficticiamente entre finales del siglo XV y principios del XVI.
Pero la rebelión ante la actual situación, si no tod@s a una, sí en grandiosa mayoría, puede darse dentro (lo diré una vez más) de unas incuestionables coordenadas de legalidad, legitimidad y civismo. Porque -como ya he escrito en este mismo blog- hay herramientas democráticas y constitucionales de esta guisa, y por ende no violentas, para doblegar a cualquier gobierno. Y, a diferencia notable de Fuenteovejuna, ahora y aquí, el sistema tal cual, está en cuestión. El paradigma del capitalismo supra financiero salvaje es palmario que debe caer. De no ser así, seguiremos retrocediendo, digan lo que digan el gobierno, Agamenón o el porquero de éste.
Partidos y movimientos progresistas, y centrales sindicales, deben acometer una labor inequívocamente radical -en el sentido maravilloso del término-, sin olvidar una comunicación excelente y armonizada. Y me atrevo a asegurar que no pocos ciudadanos liberales conservadores están deseando reconducir asimismo el desatino gubernamental. Pero como entiendo que es menos improbable un adelanto electoral que la marcha atrás del gobierno, dicho adelanto debería ser casi inminente. Lo contrario, es claro que acarrearía un grave deterioro de la sociedad española, además, por cierto, de un golpe cada vez más fuerte a las expectativas electorales del propio PP.
Rajoy tiene la palabra. Porque ha sido elegido democráticamente. Y, por ello, los ciudadanos pueden reclamar las citadas soluciones alternativas: o que esto pare y se enmienden las medidas tomadas, o que se convoquen elecciones. Es lo más natural, puesto que lo que el gobierno del PP está haciendo no se compadece ni de lejos con lo que este partido y su líder dijeron, en campaña y precampaña, que iban a hacer. Tampoco tenemos mucho tiempo, la calidad de vida sigue bajando. Urge. Casi tod@s a una.
Rajoy tiene la palabra. Porque ha sido elegido democráticamente. Y, por ello, los ciudadanos pueden reclamar las citadas soluciones alternativas: o que esto pare y se enmienden las medidas tomadas, o que se convoquen elecciones. Es lo más natural, puesto que lo que el gobierno del PP está haciendo no se compadece ni de lejos con lo que este partido y su líder dijeron, en campaña y precampaña, que iban a hacer. Tampoco tenemos mucho tiempo, la calidad de vida sigue bajando. Urge. Casi tod@s a una.
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