El gobierno actual del PP se encuentra instalado en un proceso patológico (dicho en términos políticos, claro), definido por un par de características fundamentales: una, la ruptura abrupta y gigantesca de su programa electoral; la otra, su incompetencia supina para resolver la crisis.
De la primera característica deriva una bajada fulminante de la fiabilidad ética del partido en el gobierno y de sus líderes (sobre todo de su número uno, aunque tiene un buen coro que le acompaña), sobrevenida por las incesantes promesas evacuadas antes de las elecciones y que se han tornado en mentiras; y embustes estos cuya resultante es la drástica disminución de calidad de vida de los ciudadanos, de sus derechos y del número de empleos.
La segunda de esas características conduce a una desmoralización galopante de los españoles ante la cruda realidad de que su gobierno -a pesar del padecimiento al que somete a los administrados- no resuelve en modo alguno tan nefasta situación. Esto es, percepción generalizada de la descomunal incompetencia y falta de eficacia social de este equipo dirigente del país.
Cabe recordar aquí que, los datos tozudos relativos a la imagen en política, emanados de una ingente cantidad de investigación empírica en los últimos decenios, a escala mundial, reflejan que esos tres conceptos (fiabilidad ética, competencia y eficacia social) saturan en buena medida el factor más importante, en general, de la imagen o percepción pública de los partidos y sus líderes: la credibilidad de éstos.
Pues bien, tal estado de cosas, por si fuese poco, lleva a Rajoy y los suyos a un proceso de retroalimentación incesante, de círculo vicioso, de bucle, de patología política. Es decir, cualquier cosa que hagan o digan está destinada al fracaso, ya que lo único que rompería ese bucle, la revocación inmediata de las medidas tomadas y rechazadas por la población en su gran mayoría (ver encuesta de hoy mismo en el diario El Mundo, y ver la protesta continua en la calle), es palmario que no va a suceder.
Así, la izquierda política está ya preparándose para un adelanto electoral cantado. Porque incluso la posible sucesión de Rajoy y su gobierno desde dentro del PP, sería pan para hoy y hambre para mañana. Significaría un cambio de actores para proseguir con el mismo guión, no para enmendarlo. Y en este punto, una vez más, debo insistir en el momento histórico por el que atravesamos y que sería inexcusable que no pasara por una unión (al menos electoral) de la izquierda de este país. Porque hay una salida alternativa a la crisis que no va precisamente por el fiasco de la aplicación de una ideología ultraconservadora a la resolución de los problemas. En este sentido, Hollande, Francia, la izquierda francesa, son un ejemplo a seguir. A ver...
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