Desde hace más de medio siglo, el concepto de imagen viene siendo estudiado, diseccionado, analizado en sus elementos más importantes, los que más pesan en la conducta política de los ciudadanos. Singularmente las universidades han sido y siguen siendo centros de investigación sobre estos menesteres. Al principio, sobre todo, en las norteamericanas (Columbia, Chicago...) y después en las más señeras de otros países desarrollados, fundamentalmente europeos.
Así, a través de una ingente cantidad de investigación empírica al respecto, tanto de campo como de laboratorio, poco a poco se ha ido perfeccionando, profundizando en este concepto crucial para la vida política -y para cualquier conducta humana-, la imagen. Porque la imagen no es otra cosa que un definido conjunto de características que alguien atribuye a algo/alguien en un momento dado. Y esas características no se asignan sin causa alguna. Todo lo contrario, obedecen al aprendizaje y socialización del individuo a lo largo de su vida, con especial importancia en la niñez y pubertad.
Y es que, desde la infancia, se aprende (sobre todo desde la familia, que intenta , con su mejor intención, cooptar toda percepción del niño/a) a asignar y a valorar (aquí estaríamos ante una actitud) esas asignaciones. Y de esta manera, el niño(a)/adolescente percibe todo lo que le rodea en orden a esas predisposiciones emanadas esencialmente -sin olvidar las instituciones educativas, que la familia asimismo querrá fiscalizar- de ese citado grupo primario de pertenencia, el núcleo familiar. En este sentido, una imagen es el automatismo inmediato de una percepción, es una percepción. Y, consiguientemente, se tienen imágenes y se valoran desde la niñez.
Pues bien, dicho todo esto (sintetizado al máximo), las mentadas investigaciones, fiables de todo punto en razón, entre otras cosas, de su repetición y coincidencia de resultados, arrojan lo siguiente en lo concerniente a la imagen: ésta es divisible en tres grandes factores que son los elementos fundamentales de la imagen: credibilidad, atracción y poder.
El primero de ellos, la credibilidad, es con mucho el de mayor peso en general. Y es divisible, a su vez, en tres subfactores que, previa aplicación de análisis factorial, saturan en un alto porcentaje la varianza de dicha credibilidad; esto es, que son los de mayor importancia de tal credibilidad:
a) Competencia, capacidad, preparación
b) Fiabilidad ética
c) Eficacia social
Y, los dos últimos (b, c) queda evidenciado por la tozudez de los datos que suelen correlacionar muy positivamente con la intención de voto del ciudadano(a). Es decir que, para una fiabilidad ética y eficacia social altos percibidos por el público al que trata de alcanzar una formación política, la intención de voto hacia esa formación se fortalece. Y todo lo contrario si esos dos subfactores de la credibilidad se perciben bajos.
Todo lo cual nos permite aseverar con rotundidad que, en el mundo político, los líderes y sus partidos han de sujetarse a estas premisas si desean satisfacer las expectativas de sus respectivos electorados. Precisamente porque esto no sucede tan a menudo como sería de desear, hay debacles electorales. Tómese el país que se desee con democracia representativa y los ejemplos serán muy numerosos, sin duda alguna. En España, ahora y aquí, para qué matizar y señalar, verdad? Ya lo hago diariamente en la red social con tweets y similares.
Podríamos hablar mucho de este tema, claro.
Gracias por la lectura.
a) Competencia, capacidad, preparación
b) Fiabilidad ética
c) Eficacia social
Y, los dos últimos (b, c) queda evidenciado por la tozudez de los datos que suelen correlacionar muy positivamente con la intención de voto del ciudadano(a). Es decir que, para una fiabilidad ética y eficacia social altos percibidos por el público al que trata de alcanzar una formación política, la intención de voto hacia esa formación se fortalece. Y todo lo contrario si esos dos subfactores de la credibilidad se perciben bajos.
Todo lo cual nos permite aseverar con rotundidad que, en el mundo político, los líderes y sus partidos han de sujetarse a estas premisas si desean satisfacer las expectativas de sus respectivos electorados. Precisamente porque esto no sucede tan a menudo como sería de desear, hay debacles electorales. Tómese el país que se desee con democracia representativa y los ejemplos serán muy numerosos, sin duda alguna. En España, ahora y aquí, para qué matizar y señalar, verdad? Ya lo hago diariamente en la red social con tweets y similares.
Podríamos hablar mucho de este tema, claro.
Gracias por la lectura.
Es curioso que en los tres puntos
ResponderEliminara) Competencia, capacidad, preparación
b) Fiabilidad ética
c) Eficacia social
ha ido produciéndose una divergencia notable entre los partidos y los líderes. Ahora tanto una como otra están bajo cero. Creo que la última victoria del PSOE fue por su líder y la última del PP por la eficacia que se le suponía al PP. Las próximas elecciones serán unas elecciones a la griega.