Hoy quiero ser escueto e ir al grano. Entre lo que ya ha hecho y lo que amenaza por hacer aún, el gobierno PP está acorralado. Da igual que ahora se hable de una inminente campaña de comunicación para que los ciudadanos se conformen con esta ruina. Ya no cuela. El cociente intelectual del colectivo de administrados, en general, se mueve entre aceptable y excelente.
Se pulse donde se pulse, la gente está verdaderamente saturada. La contestación en la calle va en aumento, es imparable. El partido ultraconservador español ya no va a dar marcha atrás, las cartas están echadas y va a tener (con una remodelación gubernamental antes, para maquillar) que claudicar en la convocatoria de referéndum y/o elecciones anticipadas. Se verá.
De manera que la izquierda ha de ir preparándose para, si sabe gestionar bien esto, acceder al poder con el apoyo mayoritario de la ciudadanía. Pero la situación ha cambiado tanto desde hace tan poco, que, singularmente PSOE e IU, van a tener que sentarse a hablar otra vez, y en esta ocasión con un objetivo ineludible: confeccionar un programa común de izquierda propiamente dicha y acudir juntos a las elecciones.
Si el PSOE se pone estrecho para esto, entre IU y UPyD, entiendo que lo van a laminar. Es hora de sacar del baúl el maravilloso concepto de RADICAL. El socialismo light, aquí y ahora, tiene una minoría adepta, nada más.
Si fuese IU quien pusiera trabas al asunto, pienso que su paulatina ascensión se pararía e incluso podría haber retroceso. El electorado progresista, en el siglo XXI, no quiere saber nada de esperpentos antiguos creados por el franquismo. Y sabe que toda la izquierda (al menos la no nacionalista) en coalición, si antes ganaba hoy arrasa.
Para problemas extraordinariamente graves, soluciones nuevas, sobre todo cuando el riesgo es tendente a cero.
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