domingo, abril 01, 2012

La inminente soledad del PP

Tras una campaña que empezó hace unos años, de acoso y derribo a Zapatero, el PP de Rajoy y compañía accedió al gobierno de la nación y de la gran mayoría de comunidades autónomas y ayuntamientos. Y lo hizo, en buena medida, por el inmenso error del anterior presidente socialista de no convocar en mayo de 2010 unas elecciones generales adelantadas y así no tener que llevar a cabo unas medidas propias de la derecha que, en todo caso, naturalmente no estaban en el programa del PSOE.

Ahora, poco más de tres meses después de llegar a la Moncloa, Rajoy acomete un abanico de medidas que, nunca, en toda la historia de la democracia española, habían sido tan duras para los trabajadores. Y se ha encontrado con una huelga general (la primera, veo que no será la ultima, ni siquiera la penúltima, de la legislatura) a todas luces merecida. Con independencia de lo que los medios de comunicación afines al ideario conservador (mayoría clara) han contado, la huelga, para estas circunstancias, ha sido un éxito notable que ha sorprendido al gobierno. E incluso, si son sinceros, a los propios líderes sindicales, que tenían sus temores.

Pero, el acoso a los trabajadores por parte del gobierno del PP es tan monumental, que la ciudadanía, aún con poca inercia de huelga todavía a estas alturas del curso político, en efecto ha respondido suficientemente. Y no es arriesgado pensar que una mayoría importante de los millones de trabajadores (progresistas y también conservadores) que han escuchado incesantemente en la anterior legislatura -y sobre todo en la campaña para las generales del 20N- las promesas de Rajoy y su coro, esté literalmente indignada. Porque esas promesas se han tornado en todo lo contrario, con menos derechos y salarios para los empleados y una alfombra de terciopelo para empleadores y defraudadores.

Así, estas exacerbaciones del sistema capitalista, plasmadas aquí y ahora en Rajoy y su BOE, están llegando a unas cotas, a unas líneas rojas, que hacen imposible pensar que la ciudadanía -repito, con independencia de su proclividad ideológica- vaya a soportar mucho más. Lo cual,  traducido en sondeo de conducta electoral significará la continua aparición de encuestas coincidiendo en la paulatina caída del presidente del gobierno y sus correligionarios.

Caída hasta la cuasi soledad, hablo de una verdadera debacle. No es exagerada la apreciación, entiendo. Al día de hoy, empiezo a pensar que, si la crisis y el desempleo continúan (e intuyo que esto va para rato), en cuatro años el PP puede perder hasta las pestañas. Y lo que es peor para este partido, la usual tendencia de los políticos a aguantar en el poder, haría pasar por alto que, por muy precipitado que parezca (con sólo algo más de cuatro meses desde las elecciones generales y contando con mayoría absoluta), lo mejor sería que Rajoy empezara a pensar en adelantar las elecciones, como mal menor para su formación.

Pero aventuro que lo que probablemente ocurra es que haya una remodelación del Ejecutivo dentro de un año, más o menos. Y a correr. Pero a correr hacia atrás, insisto, y con una supina soledad. Con sus consecuencias. Tiempo al tiempo.

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