A estas alturas, se ha hablado tanto de la crisis, que ya hay materia suficiente para cientos -o miles- de tesis doctorales. Las celebérrimas sinergias, son tan variadas y numerosas, que la fecha de 1929 comienza a peligrar en cuanto a su liderazgo de situaciones nefastas del sistema, del capitalismo.
Sin tratar de ser simplista, creo que, en términos de modelo político, el actual cataclismo puede reducirse a dos posturas o puntos de vista sociales. Los cuales, de otra parte, son ya históricamente irreconciliables: los posicionamientos conservador y progresista, respectivamente. Y cada uno de los dos, hay que recordarlo, existe a costa de la supervivencia del otro, del antagonista.
En estos momentos, apartando la filfa artificial que representan muchos de los discursos de buena parte de los líderes políticos y sociales del mundo, acerca de la crisis, puede observarse nítidamente que las posturas conservadoras tratan de escamotear la causa esencial del estropicio, esto es, la cuasi metástasis del sistema, la cual por tanto está ya a punto de iniciar la carrera de deterioro inexorable de los órganos vitales de ese monstruo que, aunque joven (¡qué son varios siglos en la historia humana!), ha traído tanta desigualdad y explotación en el planeta. Creo firmemente que, en general, los grandes líderes sistémicos actuales son conscientes de que esto, más pronto que tarde, es altamente probable que se acabe.
Porque el capitalismo, cuando ha sido relativamente reconducido por políticas en buena medida socialistas/socialdemócratas y asimismo por otras políticas democráticas de izquierda más radicales, ha arrojado resultados muy apetecibles, si se comparan con la histórica zanja separadora de ricos y pobres: la aparición de las clases medias, singularmente en la Europa democrática. Si bien, tampoco debe olvidarse, la lectura progresista ha solido y suele decantar la asunción de que, aunque no lo desea, no es posible eliminar las desigualdades sociales con este sistema incluso en alguna medida domado. Y que, con ello, no se alcanza obviamente la libertad con mayúsculas.
Este es, quizás, el nudo gordiano (que ha de resolverse desatando, no cortando como Alejandro Magno) para el sistema alternativo buscado. Porque, si de lo que se trata es de que el capitalismo se deje llevar al quirófano para ser intervenido con cirugía invasiva, el paciente no tiene esa intención, mientras sirva de fuente de riqueza para los que lo manejan a su antojo. De manera que se presenta una única solución más, la única, que por supuesto se inscriba, en su camino, en coordenadas de democracia y libertad, aun entrecomillando estos términos.
Se trata de abordar, dentro del juego parlamentario, de la democracia representativa (desatar el nudo), un programa progresista armonizado que sirva en sus mínimos para socialistas moderados y radicales de izquierda. Y que les lleve a plantar cara y vencer a los ventrílocuos que dan voz al muñeco sistémico. Y, dentro de este ejercicio de armonía, una política de comunicación excelente que sepa transmitir poco a poco, sin sobresaltos para la ciudadanía, la bondad de la buena nueva. Dejando hígado e intereses personales en la percha de entrada de la sala de reunión de moderados y radicales embarcados en el cambio. En España, los actores son, sobre todo, dos, el PSOE e IU. Pero esta, o es una acción internacional, o corto vuelo tiene. Vamos por ello, aunque muchos no lleguemos a verlo. Quizás sí, quizás no. Pienso que no está tan lejos. Pero nadie nos lo va a regalar, en todo caso. Porque el nudo hay que desatarlo, no cortarlo.
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