Comparativamente con la historia de este planeta, la historia de sus habitantes humanos es como la punta de un alfiler. Y, dentro de este corto periplo del animal social, sólo podemos hablar de poco más de tres siglos (con el precedente de los Avisos de la Edad Media) de historia de los medios de comunicación de masas.
Pues bien, nunca han faltado ni faltan múltiples tentaciones de los gobiernos de turno y/o grupos financieros poderosos para controlar los contenidos de la prensa, radio, televisión... Es cierto que puede notarse, desde un análisis riguroso, que ese tic se da más cuando gobiernan partidos con ideario muy ajeno a la puesta en práctica del binomio irrompible libertad/igualdad. Pero de todo puede uno encontrar, para qué vamos a engañarnos. Como la celebérrima película protagonizada por Marilyn Monroe, la tentación vive arriba. El poder siempre siente esa tentación con respecto a la comunicación/información dirigida a los ciudadanos. Ahora y aquí, en este país llamado España, invito a analizar, con seriedad, si sucede lo antedicho.
Sin embargo, lo he escrito y dicho hasta la saciedad, el medio de comunicación que goza de relativa independencia, nunca será nocivo para quienes no tengan una conducta retorcida, incluidos los partidos políticos, claro. Mientras que los medios domesticados, en realidad, dejan de cumplir el ilegítimo objetivo por el que un día fueron intervenidos, pues lo único que hacen es reforzar públicos incondicionales del partido controlador. Y, en los diferentes comicios, cada individuo vota sólo una vez, naturalmente, por mucho fervor que tenga.
Cuando todo lo anotado, por añadidura, sucede en medios públicos (televisión y radio), entonces estamos ya ante un caso de auténtica perversión de la democracia. Así que, con la gigantesca tormenta que tenemos encima, más valdría que la tentación no se tornara en unos medios de comunicación impropios de una democracia con calidad. Controlar esa tentación es ser demócrata, que es mucho. Lo contrario, ya se sabe...
A quien corresponda.
Cuando todo lo anotado, por añadidura, sucede en medios públicos (televisión y radio), entonces estamos ya ante un caso de auténtica perversión de la democracia. Así que, con la gigantesca tormenta que tenemos encima, más valdría que la tentación no se tornara en unos medios de comunicación impropios de una democracia con calidad. Controlar esa tentación es ser demócrata, que es mucho. Lo contrario, ya se sabe...
A quien corresponda.
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